lunes, 28 de mayo de 2012

Pentecostés

AL HILO DEL EVANGELIO (38)

Ac 1,8

“Recibiréis una fuerza cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros. A partir de ese momento seréis mis testigos y hablaréis de mí en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.”

 

Jn 20,19-23

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

-- Paz a vosotros

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

-- Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

-- Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

 

El Espíritu Santo es un don de Dios. Un don es un regalo, no lo merecíamos. Él nos lo ha dado. No es tampoco un derecho. Es simplemente eso, un don.

Jesús ha querido dárnoslo. Sólo se necesita estar dispuesto a acogerlo. Ese don es la fuerza de Dios, esa capacidad para afrontar la vida con serenidad, paz, alegría y mucha convicción interior, esa que sale del fondo del alma.

La Iglesia nació a partir de esa fuerza. Los discípulos perdieron el miedo y se lanzaron a decir lo que sus corazones sentían. Y no temieron por sus vidas, estaban en las manos de Dios. La fuerza de Dios rompió los muros del Cenáculo, los de Jerusalén, los de Samaria, hasta llegar al último rincón del mundo.

Gracias a esa fuerza, y a las personas que se han dejado guiar por ella, hoy conocemos el Amor de Dios en nuestras vidas. ¡Qué privilegiados!

Ser testigo no se inventa de la noche a la mañana, no es el efecto de un relámpago, es el resultado del trabajo cotidiano, del día a día, vivido con la mirada y el corazón puesto en Dios. Todo parte de esa experiencia fundamental: «Antes de formarte en el seno de tu madre, ya te conocía; antes de que tú nacieras, yo te consagré, y te destiné a ser profeta de las naciones.» (Jer 1,5) Y la asimilación de ello: “Antes de formarme en el seno de mi madre, tu me conocías, Señor” (Ps 139,15-16). Saberse y sentirse amado y querido por el Señor, incluso antes de aparecer por este mundo; incluso si no has sido deseado por tus padres, para el Señor eres único e irrepetible.

Mientras no hayas sentido el amor de Dios en tu vida, no podrás ser testigo. Es cuando te das cuenta que “eres precioso a los ojos de Dios” y que cuentas mucho para Él (Is 43,4) que, a partir de ese momento, se desencadena como una especie de “furia” interior en la que no puedes callarte, hay que gritarlo a los cuatro vientos.

“Hasta los confines del mundo”. No olvides todos los que no conocen todavía Jesucristo, no porque le han dado la espalda o lo ignoran, sino porque hasta ahora ningún testigo les ha hablado de Él (Rom 10,13-17).

Hoy, tú y yo somos cristianos gracias al don del Espíritu Santo. ¡Feliz Pentecostés!

Fraternalmente. Fernando García

 

domingo, 20 de mayo de 2012

La Ascensión

AL HILO DEL EVANGELIO (38)

Ac 1, 1-11

En mí primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo y, apareciéndose durante cuarenta días, les hablo del reino de Dios.

Una vez que comían juntos les recomendó:

-- No es alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua; dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.

Ellos le rodearon preguntándole:

-- Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar la soberanía de Israel?

Jesús contestó:

-- No es toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.

Dicho esto, lo vieron levantarse hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban atentos al cielo, viéndole irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco que les dijeron:

-- Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os dejado para subir al cielo, volverá como le habéis visto marcharse.

 

La Ascensión del Señor al cielo es uno de los momentos importantes en el periodo pascual. Jesús ha resucitado pero no se queda aquí, vuelve a la casa del Padre. Más tarde, volverá para acompañarnos a cada uno de nosotros en ese camino que nos conducirá hacia la última morada. Esta es nuestra fe.

Nuestro destino no es de permanecer aquí, en la tierra. Hemos sido creados para vivir aquí como ciudadanos de lo Alto. Y si nuestro destino definitivo es el cielo, hay que ir preparándose para ello. ¿De qué manera? Una manera sencilla consiste en imaginar ese cielo, la vida con Dios que nos espera. Es bueno que esa imaginación sea lo más concreta posible (relaciones humanas, estados de ánimo, diálogos,…). A medida que se va imaginando, el corazón empieza a gustarlo, a saborearlo (“¡Qué bien se está aquí!”, “¡Qué belleza vivir así!”) y a desearlo profundamente (“¡No puedo vivir de otra manera!”). De ahí a vivirlo ya no hay más que un pequeño paso. Y en esa tarea cotidiana, Jesús no nos deja solos.  ¡Bendita compañía!

 

Fraternalmente. Fernando

 

 

 

domingo, 13 de mayo de 2012

Permaneced en mi amor

AL HILO DEL EVANGELIO (37)

13 Mayo 2012

Jn 15,9-17

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:

-- Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido; y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.

Es un texto genial. Jesús nos invita a permanecer en su amor. Él nos ha amado y continúa amándonos. Pienso en ello, cuando una persona toca tu corazón, te ama como eres, te acoge sin detenerse a pensar en esto o en aquello. Simplemente te ama. ¿Hay alguna razón para ello? Simplemente el amor. ¡Qué grande es Dios!

Y puesto que él nos ama, nos invita a hacer lo mismo. ¡Podemos amar como Dios nos ama! Es curioso, la clave está en darse cuenta que Dios me ama tal como soy. Esa parte del ‘tal como soy’ que sólo conozco yo. Cuando me doy cuenta de ello, surgen las lágrimas en mis ojos. Entonces, ¿cómo no amar al otro tal que él es? Amar así es un don, un regalo de la Resurrección.

La consecuencia lógica de esta manera de amar es que a partir de ese momento el centro de la vida no eres tú, tu ombligo. El centro está situado fuera de ti. Son los otros, que en ese momento se convierten en parte de tu vida. Dar la vida por los amigos. ¡Qué belleza una vida vivida amando! ¡Qué belleza vivir la vida pensando en los demás! Es la belleza de Dios.

Y Jesús nos llama AMIGOS. Él ha compartido con nosotros su intimidad. Entre Él y nosotros no hay secreto. Él nos ha abierto su corazón. ¡Ser amigos de Dios! ¿Y quién soy yo para ser objeto de predilección de esta amistad divina? Sólo una palabra sale de mi boca: ¡GRACIAS, Señor! No soy yo quien te he elegido, eres tú quien me has elegido y has sembrado en mi corazón la semilla divina para que pueda dar, como tú, el fruto que no perece, ese que es eterno: el fruto del AMOR.

A partir de ahí, todo lo que pidamos al Padre en su nombre, Él nos lo dará.

Fraternalmente. Fernando

 

miércoles, 11 de abril de 2012

NO ESTA AQUÍ, HA RESUCITADO

Jn 20, 1-18

He llegado al final de este trimestre bastante cansado.  Los jóvenes se marcharon a sus casas apenas terminaron las clases en el Seminario (29 de marzo). Estos días de ‘desierto’ me han venido bien para recuperar las fuerzas y afrontar la vida cotidiana con serenidad y paz. Los días pascuales los he vivido con la comunidad cristiana más cercana a nuestra comunidad. Jueves, Viernes y Sábado, la Iglesia repleta de personas que han participado muy activamente en los diferentes misterios litúrgicos. El Via-Crucis del Viernes Santo por la mañana, tantísima gente por las calles del barrio en silencio, orando, cantando. Un testimonio de verdadera fe.

Y la celebración de la Resurrección precedida de un auténtico temporal de agua.

Y ahí estoy todavía… ¿Qué es la Resurrección?, ¿en qué consiste? Me ha ayudado a entrar en el tema la respuesta que daba un monje en una entrevista hecha en la revista Prier de este mes. El periodista le preguntaba:

-      “Después de tantos años en la clausura, el rostro de Cristo se descubre/revela un poco para ti?

-      Lo importante no es que yo vea Su rostro, sino que constato que Lo busco continuamente!”

La Resurrección es cosa de corazón. Veo a Maria de Magdala y no puedo pensar en otra cosa: encuentra al resucitado porque lo ama, y quien ama se esfuerza, supera los obstáculos, no tiene cuenta de qué dirán, nada puede detener el deseo profundo de encontrarse con el Amado, ni siquiera la evidencia de la tumba vacía. El pensamiento, la razón vienen después.

¡Feliz Pascua de Resurrección!

Fraternalmente. Fernando

 

lunes, 19 de marzo de 2012

Nacer de nuevo

AL HILO DEL EVANGELIO (36)

Jn 3,14-21

El texto que nos ocupa está precedido de un diálogo entre Jesús y Nicodemo. Jesús le dice a Nicodemo que es necesario nacer de nuevo para ver el Reino de Dios. Nicodemo reflexiona y no logra comprenderlo: él es ya mayor, ¿cómo puede nacer de nuevo, entrar una segunda vez en el seno de su madre? ¡No es posible! Jesús le insiste por segunda vez: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. A lo que Nicodemo le responde: ¿cómo puede ser eso? He aquí la contestación de Jesús.

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:

-- Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

El nuevo nacimiento del que habla Jesús es el de la vida eterna. Para “nacer de nuevo” es necesario creer en él. ¿Qué significa creer en él? Veo tres elementos. El primero, se trata ante todo de una adhesión de fondo, radical, fundamental: estoy contigo, Señor, soy de este bando y no del otro, quiero hacer tu voluntad. El segundo, es la unión de corazón: estoy unido a ti, Señor, te amo y quiero amarte por encima de todo. El tercero, es la colaboración estrecha, íntima: quiero vivir en ti, Señor, quiero trabajar contigo y con ningún otro.

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.

Es conmovedora esta gran verdad: Dios ha amado y sigue amando al mundo hasta el punto de ofrecerle lo más grande y valioso que tiene, su Hijo único. ¿Por qué lo hace? Para que cada ser humano pueda nacer de nuevo. El corazón de Dios no puede permanecer callado, indiferente cuando ve que la “niña de sus ojos” escoge otro camino.

Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él.

El lenguaje de Dios no es meter miedo, crear incertidumbre, desasosiego, nerviosismo, ruido infernal. Dios nos ama profundamente, nos quiere salvados.

El que cree en él no será condenado; el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

Dios no condena a nadie. El hombre se condena a sí mismo cuando elige vivir lejos de la luz divina. ¿Qué quiere decir la condenación?

El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas.

Cuando se elige conscientemente el camino del mal y se permanece en él. En la práctica, se está contra Dios, se trabaja contra Él.

Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

Fraternalmente.

Fernando

 

lunes, 12 de marzo de 2012

El templo de Dios

AL HILO DEL EVANGELIO (35)

Jn 2,13.25

Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:

-- Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.

Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: "el celo de tu casa me devora".

Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:

-- ¿Qué signos nos muestras para obrar así?

Jesús contestó:

-- Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.

Los judíos replicaron:

-- Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?

Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de lo que había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la Palabra que había dicho Jesús. Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía, pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

 

Me imagino a Jesús entrando en el templo. Lo que vio debió degustarle profundamente y tuvo una reacción instintiva. Me parece que es la única vez que los Evangelios nos dicen que Jesús reaccionó violentamente.

‘Pero él hablaba del templo de su cuerpo.’

A partir de ese hecho, Jesús va a revelarse como el templo. Sus hermanos, los judíos, adoraban a Dios en el templo que había sido reconstruido. Representaba la presencia de Dios. Era ahí donde se podía encontrar a Dios porque era su residencia. Jesús cambia radicalmente la concepción de Dios. El verdadero templo es su propio cuerpo. Dios vive en él y él en Dios.

A partir de ahí veo dos enseñanzas para nuestra vida. La primera, a veces nos preguntamos ¿dónde puedo encontrar a Dios? En Jesús. Es él el verdadero templo. Para ello es suficiente, en un primer momento, mirarlo, escucharlo. En lo que ha hecho y dicho vemos a Dios. Así de sencillo. Eso sí, es necesario confiar en él, en su Palabra. Más estaremos con él, más descubriremos el rostro de Dios.

La segunda. Jesús no se reserva las cosas para él. Las comparte. ‘Mi alegría es vuestra alegría’; ‘a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.’ Nosotros también somos el templo de Dios. Lo que es él, lo somos también nosotros. Es una idea que me hace feliz, saber que Dios está en mí, en mi corazón, en lo más profundo del misterio de mi vida, allí donde siento que estoy en las manos de ese Alguien que no soy yo. Esta presencia divina que va mucho más allá de lo que puedo comprender me ayuda a sentirme acompañado. ¡No estoy solo!

¿Hay algún secretillo para darse cuenta de ello? Personalmente me ayuda el fijarme en la respiración y permanecer ahí. A la base de la respiración se va descubriendo la presencia de ese Alguien que nos ha dado el don de la vida. Progresivamente se establece una cierta familiaridad, ese Alguien cercano, íntimo, se convierte en el confidente personal. A un cierto momento, uno se da cuenta que está enganchado, no puedo vivir sin Él.

Fijarse en la respiración: al levantarse, en el ajetreo diario, antes de encontrar una persona, en el tiempo ‘perdido’, delante de una preocupación, de un problema que nos da cierto dolor en la cabeza, de un momento gozoso, para conciliar el sueño… A veces, durante la noche, cuando me despierto y quiero recuperar el sueño me fijo en la respiración y digo: ‘Dios mío’ o ‘Señor mío’. Es curioso, en segundos el sueño me ha tomado. Cuando me levanto por la mañana después de haberme confiado al Señor a través de la respiración antes de dormir, la jornada la comienzo de una manera alegre, esperanzadora, confiada. A veces, durante la jornada, estoy ocupado haciendo esto o lo otro, fijarme en la respiración me da paz, sosiego, alegría. De vez en cuando hay también algunos problemas con quebraderos de cabeza, pienso en el Señor a través de la respiración, el problema sigue ahí, pero lo afronto confiadamente.

Ser templo, morada de Dios. ¡Qué gran dignidad!

Un cuentecillo de Thony de Mello:

 

BUSCAR EN LUGAR EQUIVOCADO

Un vecino encontró a Nasruddin cuando éste andaba buscando algo de rodillas.

« ¿Qué andas buscando, Mullab?».

«Mi llave. La he perdido».

Y arrodillados los dos, se pusieron a buscar la llave perdida. Al cabo de un rato dijo el vecino: «¿Dónde la perdiste?». «En casa».

« ¡Santo Dios! Y entonces, ¿por qué la buscas aquí?».

«Porque aquí hay más luz».

¿De qué vale buscar a Dios en lugares santos si donde lo has perdido ha sido en tu corazón?

 

Fraternalmente. Fernando

 

jueves, 8 de marzo de 2012

El cielo sobre la tierra

AL HILO DEL EVANGELIO (34)

Mc 9,2-10

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.

Se les apreció Elías y Moisés conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús:

-- Maestro. ¡Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

Estaban asustados y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube:

-- Este es mi Hijo amado; escuchadlo.

De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús los mandó:

-- No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.

Esto se les quedó grabado y discutían que querría decir aquello de resucitar de entre los muertos.

 

Es Jesús mismo que acompaña a tres de sus discípulos a una montaña. Allí va a tener lugar un hecho extraordinario: el cielo sobre la tierra. Son esos momentos de la vida donde el Señor nos ha hecho gustar por pura gracia suya la realidad celeste. Han sido tan importantes y determinantes en nuestras vidas que se nos han quedado grabados, no se borrarán.

En la tierra gustando el cielo. Nada se puede comparar a esta realidad ‘deslumbrante’. Vivir y gustar de un modo intenso la presencia de Dios. Han podido ser momentos particulares, o bien períodos algo más largos. En todo caso, en general son experiencias gratuitas, nos han pillado por sorpresa, sin esperarlo. Es la gratuidad de Dios. ¿Por qué a mí? No encuentro respuesta. ¿Y por qué Jesús tomó sólo a tres de sus discípulos? ¿Y los otros nueve? Dejo la respuesta a Dios mismo. Lo único que se es que es una experiencia de gracia. No hice nada para ser testigo de ella. Y, sin embargo, el Señor me la regaló.

En la vida, no hay muchas experiencias de estas. Si miro mi propia vida, puedo reconocer dos, tres. Y paro de contar. Eso sí, experiencias determinantes que explican lo que soy hoy. En esos momentos, todo se ve claro, no hay dificultades que puedan pararte. Se despierta en el corazón un gran deseo de estar con Jesús, de vivir con Él, de ir hasta ‘los confines de la tierra’. ¿Con qué seguridad? La que Él da en ese momento, es decir, la confianza. Son los momentos donde se hacen las grandes opciones de la vida, uno se olvida de sí mismo y se lanza al ‘vacío’. ¿Qué voy a encontrar mañana? Y el mañana, ¿no pertenece a Dios? Adelante. La única seguridad, Dios. Son momentos extraordinariamente bellos. Uno quisiera permanecer ahí, pero…

… De nuevo en la tierra, en la lucha cotidiana, con las dudas e inseguridades, los miedos, los cálculos, la pregunta sobre el mañana, las tentaciones, las caídas, los malhumores, las contradicciones… En medio de todo ello, una luz en el camino: Jesús, su Palabra. Y una actitud básica y fundamental: la confianza en Él. Juntos con Él vamos recorriendo el camino de la vida, descubriendo la grandeza de ser hijos de Dios. ¡Qué don!

Fraternalmente.

Fernando

 

 

miércoles, 7 de marzo de 2012

Parole de Dieu

Participo semanalmente en un grupo de vida cristiana. Se llama 'Parole de Dieu' (Palabra de Dios). En Agosto tuve la ocasión de hacer un retiro de cinco días organizado por ellos. Fue una experiencia interesante. Desde entonces, cada martes por la tarde, siempre que puedo, ahí estoy compartiendo con ellos el eco de la Palabra de Dios de la semana.
Es un compartir muy enriquecedor. El grupo está compuesto de unas cuarenta personas. Es bastante variado, hay adultos, jóvenes y adolescentes.
El martes pasado, Jean, padre de familia, compartió brevemente su recorrido con el Señor. "Hoy día puedo decir que el Señor ha sembrado en mi corazón el deseo de amarlo. Cada día que se presenta es una ocasión única para mostrarle que yo le amo." Y prosiguió," me he dado cuenta que la mejor manera de mostrarle mi amor es tomando en serio la Palabra de Dios que Él me ofrece cada día. Intento llevar a la práctica el compromiso que nos damos cotidianamente en relación a la Palabra del día."
Y después de una breve pausa, concluye diciendo, "estoy viendo que cuanto más me esfuerzo por vivirla, más amo al Señor. Y esto me llena de alegría."
El movimiento 'Parole de Dieu', creado por un grupo de laicos cameruneses hace 15 años y hoy día extendido no sólo a lo largo y ancho del Camerún, sino también en una decena de países de Africa, Europa, América y Asia, propone, como pedagogía en el camino espiritual, la Palabra de Dios del día y añade un ejercicio práctico para concretizarla. He aquí algunos de los ejercicios propuestos:
-          Hacer un esfuerzo para no dejarse guiar por la ira no importa las circunstancias que se presenten.
-          Combatir una mala costumbre y escuchar al Señor leyendo con atención su Palabra.
-          No juzgar a nadie, incluso si no llegas a comprender su comportamiento.
-          Hacer un esfuerzo por se humilde en todas las acciones de hoy.
-          Visitar un pobre o alguien que se encuentre en la necesidad.
-          Ofrecer un gesto de perdón hacia una persona con la que tienes problemas o que se ha portado mal contigo.
El Reino de Dios va avanzando en la cotidianidad de nuestra vida.
Fraternalmente.
Fernando

domingo, 4 de marzo de 2012

Buscando a Dios

En el día de la Transfiguración.
Fraternalmente. Fernando

martes, 21 de febrero de 2012

Esas parálisis

AL HILO DEL EVANGELIO (33)

Mc 2,1-12

Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la Palabra. Llegaron cuatro llevando un paralítico, y como no podían meterlo por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico:

-- Hijo, tus pecados quedan perdonados

Unos letrados, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros:

-- ¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?

Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo:

-- ¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico "tus pecados quedan perdonados" o decirle "levántate, coge la camilla y echa a andar?” Pues, para- que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados...

Entonces le dijo al paralítico:

-- Contigo hablo. Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa

Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo:

-- Nunca hemos visto una cosa igual.

 

En el Evangelio de hoy encuentro varias enseñanzas. La primera es el cuadro en el que esta escena se desarrolla. Jesús está en casa, ¿de quién?, ¿de Pedro?, ¿la suya? En todo caso, es la sede de la primera comunidad cristiana. En casa, Jesús propone la Palabra a cuantos se acercan a Él.

La comunidad está llamada a proponer la Palabra que es Jesús, hablar de lo que lleva dentro de su corazón. Eso no puedo callárselo. Si no lo anuncia, no tiene sentido su vida. En este caso, la comunidad, la Iglesia se quedará sin Vida.

La segunda, estos cuatro (¿cómo se llaman?, ¿quiénes son?, ¿de dónde vienen?) traen a un paralítico sobre una camilla. No pueden entrar a causa del gentío. Pero eso no les hace dar marcha atrás. Superan la dificultad y lo introducen por el tejado dejándolo caer allí donde Jesús estaba proponiendo la Palabra. Jesús viendo la fe de estos cuatro, dice al paralítico: -- ‘Hijo, tus pecados quedan perdonados. ¿Pero de qué parálisis se trata? Y ¿cómo es esto que es la fe de los otros la que cura al paralítico?

A veces hemos podido vivirlo en nuestra propia carne: no podíamos más, desilusionados, decepcionados, frustrados, sin fuerzas para levantarnos. Y ahí de pronto, la mano amiga, la mirada de ternura, la palabra de aliento, la compañía silenciosa nos ha vuelto a dar la esperanza. Hemos podido ponernos de nuevo de pie y mirar hacia adelante con la sonrisa en nuestros labios y la alegría reencontrada en nuestro corazón.

A veces hemos podido formar parte de esos ‘cuatro’. Sobre todo cuando hemos estado atentos a los demás, cuando hemos pensado en la necesidad del otro antes de la nuestra.

Hoy día pienso que una comunidad, que escucha la Palabra que Jesús le propone cotidianamente, no puede recorrer el camino de la vida sin mirar a quien yace paralizado en la camilla y que está esperando las manos de la generosidad, de la amistad, del perdón, de la confianza en sí mismo, de la escucha…

La tercera, hay unos letrados por allí que, viendo como suceden las cosas, no están contentos de lo que Jesús acaba de hacer y lo acusan de blasfemia, porque como buenos expertos en el oficio sabían que eso de perdonar pecados corresponde en exclusiva a Dios.

Poder alegrarse del bien que tantas personas hacen a nuestro alrededor, venga de donde venga. ¡Qué gran don de Dios! El bien no conoce fronteras, no es propiedad exclusiva de ninguna religión, de ningún movimiento social, de ningún partido político, de ningún inspirado espontaneo. ¡El bien es el bien! Su origen es divino.

Fraternalmente. Fernando

 

lunes, 6 de febrero de 2012

La fiebre

AL HILO DEL EVANGELIO (32)

Mc 1,29-39

“Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo hicieron saber enseguida. Él se acercó a ella, la tomó de la mano y la levantó. Se le fue la fiebre y se puso a servirles.”

Es una escena bonita. Todo pasa con rapidez. Jesús con dos de sus discípulos va a casa de Simón y Andrés. ¿Por qué no ver en esta casa el núcleo de la primera comunidad cristiana? Allí hay una persona -la suegra de Simón- que está en la cama con fiebre. Es una realidad, cuando se tiene fiebre uno no tiene ganas de hacer nada, la alegría de la vida desaparece. Y si es una fiebre alta, no se ven muchas perspectivas de futuro, más bien todo parece negativo. ¿No es esto lo que sucede en esta comunidad cristiana? La fiebre del pesimismo, del vivir y pensar para sí, del olvidarse de los demás… y de Dios.

La sola presencia de Jesús desbloquea la situación: se acerca, la toma de la mano y la levanta. Y el ‘milagro’ se realiza: se puso a servirles.

Son momentos, períodos, temporadas, días, donde no hay muchas ganas de vivir, todo parece triste, el color de la monotonía se instala en nuestras vidas. Falta la chispa del entusiasmo, la alegría de vivir para los demás, la esperanza en el mañana, la sonrisa que alegra el corazón del que está enfrente, el sacrificio alegre del anonimato…

Todo ello sucede cuando nos aislamos de Jesús, le damos la espalda, miramos en otra dirección. Y como un virus contagioso la fiebre se instala y la propagamos a nuestro alrededor. ¡Dios mío, que triste es vivir así!

El cambio llega cuando, por pura gracia de Dios, Él nos visita y nosotros lo acogemos. No se necesitan grandes discursos, basta decir: ‘Señor, ayúdame, que esto no es vida’; y añadir: ‘Señor, cuento contigo, tengo confianza en ti’. Y el cambio llega.

Qué alegría de levantarse por la mañana y ver  la luz del nuevo día como un regalo que nos es dado por pura gracia, por puro amor. Y llegar a mediodía y seguir respirando la ternura de una vida que nos ha sido dada para hacer agradable la vida de los demás. Y a la noche, estar satisfecho de todo lo vivido y poder dormir en paz. ¡Qué buen descanso para comenzar un nuevo día!

 

“Al atardecer, cuando se puso el sol, le llevaron toda clase de enfermos y endemoniados. Toda la población se agolpaba a la puerta. Él sanó a muchos enfermos de dolencias diversas y expulsó a numerosos demonios, a los que no les permitía hablar, porque lo conocían.

Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, se levantó, salió y se dirigió a un lugar despoblado, donde estuvo orando.”

Ahí está el secreto de una vida lograda, vivida de pie y no en la cama, sana y no enfermiza, de una vida que piensa antes en los demás que en uno mismo: es la oración, el diálogo cotidiano con nuestro Padre. Levantarse temprano, un poco antes de que comience el ajetreo de la jornada, y ahí a solas con Él, escucharlo en su Palabra, confiarse enteramente, ponerse en sus manos y dejarse guiar. No hay otro secreto para el milagro.

 

“Simón y sus compañeros lo buscaron y cuando lo encontraron, le dijeron: ---Todos te están buscando.

Les respondió: ---Vámonos de aquí a las aldeas vecinas, para predicar también allí, pues a eso he venido. Y fue predicando en sus sinagogas y expulsando demonios por toda Galilea.”

Y el camino de la vida continúa. No podemos detenernos.

Fraternalmente. Fernando García

 

 

jueves, 2 de febrero de 2012

Enseñar con autoridad

AL HILO DEL EVANGELIO (31)

Mc 1,21-28

Llegaron a Cafarnaún y el sábado siguiente entró en la sinagoga a enseñar. La gente se asombraba de su enseñanza porque lo hacía con autoridad, no como los letrados.

Precisamente en aquella sinagoga había un hombre poseído por un espíritu inmundo, que gritó:

--- ¿Qué tienes contra nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: ¡el Consagrado de Dios!

Jesús le increpó:

--- ¡Calla y sal de él!

El espíritu inmundo sacudió al hombre, dio un fuerte grito y salió de él.

Todos se llenaron de estupor y se preguntaban:

--- ¿Qué significa esto? ¡Una enseñanza nueva, con autoridad. Hasta a los espíritus inmundos les da órdenes y le obedecen.

Su fama se divulgó rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea.

 

El Reino de Dios comienza su andadura. Jesús entra como uno más en la sinagoga. Es el día del sábado. Después de escuchar la Palabra de Dios, invitan a Jesús a hacer un comentario sobre la Palabra que acaban de escuchar. Y al escucharlo, la gente se asombra pues, he aquí la novedad, enseña con autoridad, y no como lo hacían los letrados.

Enseñar con autoridad es enseñar con coherencia, lo que dices con tus labios corresponde a lo que tu vives. Y eso se ve, se palpa. Lo contrario, es hablar por hablar. Bellas palabras pero huecas en su interior. La Buena Noticia del Reino de Dios comienza por ahí, por la coherencia entre lo que se habla y lo que se vive. Stop a la falsedad, a la hipocresía, a la mentira camuflada.

Y ahí, en la sinagoga, en el lugar donde se da culto a Dios, hay un hombre poseído por un espíritu inmundo. No soporta la ‘autoridad’ con la que habla Jesús. No se trata de una sola persona, pues habla al plural. Es curioso, esta asamblea que ha venido para alabar a Dios y escuchar su Palabra, resulta que está poseída por un espíritu malo, no soporta la coherencia de vida de quien les está hablando, Jesús.

Es una asamblea enferma, poseída, pero que ansía, quizás inconscientemente, una Buena Noticia que la libre de todo lo que la hace sufrir y vivir de una manera alienada. Esa Buena Noticia es Jesús. Y este hombre poseído es finalmente liberado.

Fraternalmente. Fernando García

 

jueves, 26 de enero de 2012

La Buena Noticia

AL HILO DEL EVANGELIO (30)

Mc 1,14-20

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se dirigió a Galilea a proclamar la Buena Noticia de Dios. Decía: ---“Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en la Buena Noticia.”

Caminando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que echaban las redes al lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo:

 ---“Veníos conmigo y os haré pescadores de hombres.”

Al instante, dejando las redes, le siguieron.

Un trecho más adelante vio a Santiago de Zebedeo y a su hermano Juan, que arreglaban las redes en la barca. Inmediatamente los llamó. Y ellos dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron con él.’

 

Esta aventura comienza con una Buena Noticia: ‘el plazo se ha cumplido, el reino de Dios está cerca’. Se esperaba desde hacia tiempo. Ahora está ahí al alcance de todos. ¿En qué consiste el reino de Dios? Fundamentalmente en dos cosas: Dios es nuestro Padre y consecuentemente nosotros somos hermanos. Esta es la Buena Noticia que Jesús proclama y que va a vivir a lo largo del tiempo que pudo vivir.

Para acoger este gozoso anuncio es necesaria la conversión, es decir, acoger el modo de pensar y de obrar de Dios. Sin esta conversión, todo ello se queda en palabras huecas.

Este reino de Dios avanza, progresa, se construye con la colaboración humana. Inmediatamente después de anunciar la Buena Noticia, Jesús invita a ciertas personas a seguirlo, a caminar con Él, a comenzar a realizar el sueño de Dios nuestro Padre. Los invita a ser pescadores de hombres. Jesús no tiene miedo, ni reparo en decir las cosas por su nombre: el reino de Dios se hace realidad en la medida en que hay hombres y mujeres que lo abrazan. ¿Pero cómo podrán abrazarlo si no hay discípulos del Reino que tienen la osadía de invitarlos, de llamarlos? Y ahí, Jesús ni vacila ni tiemblan sus labios.

Fraternalmente. Fernando García

 

 

viernes, 20 de enero de 2012

Capítulo Regional

He estado estas dos primeras semanas en Garoua. Hemos tenido el capítulo regional que se celebra cada cuatro años. Allí nos hemos encontrado los treinta compañeros que estamos presentes en el Chad (tres comunidades) y en Camerún (seis comunidades). Cinco compañeros estaban ausentes por caso de enfermedad y otros.

El capítulo regional es un momento importante de la vida de la Región. Se miran los cuatros años pasados, se hace una evaluación que permite de proyectarse hacia los próximos cuatro años. Se eligen a los compañeros (cinco) que harán el trabajo de animación y de gobierno.

Entre las orientaciones tomadas están las que se vienen realizando y que forman parte de nuestro servicio misionero: el catecumenado, la formación de las Comunidades Eclesiales de Base, la realidad juvenil, la promoción humana, Justicia y Paz… Los tiempos cambian y la situación de hoy no es la de hace diez años. Por ejemplo, por lo que respecta al catecumenado, en el pasado estaba compuesto principalmente por adultos. Hoy, la mayoría son niños y adolescentes. El método debe cambiar.

Una mención importante respecto al Islam. En un pasado no muy lejano (diez años), en la zona donde trabajamos en el Chad, la presencia de mezquitas era pequeña. Hoy día, el Islam está presente en casi todos los poblados. ¿Cómo situarse ante esta nueva realidad? De ahí la importancia de comprometerse de una manera significativa: conocer mejor el Islam, crear iniciativas de encuentro interreligioso, formar las comunidades cristianas…

La realidad socio-política-económica en la que vivimos se presenta como un gran desafío. ¿Qué hacer? Formar una conciencia crítica en nosotros mismos y en las comunidades que se nos han confiado se presenta como una necesidad urgente. En el fondo, se trata de abrir los ojos para poder actuar.

La animación misionera y vocacional ocupa un puesto importante en nuestra presencia misionera, sobretodo en el Sur de Camerún. Aquí se trata de Iglesias que tienen más de un siglo de vida: diócesis bien organizadas con un clero abundante. Pero donde la dimensión misionera no se ve mucho. Es una Iglesia que ha recibido mucho en personal y a nivel material. Ahora hay que ayudarla a que sea misionera, que tome su parte de responsabilidad en la misión universal de la Iglesia. Es parte de nuestro servicio misionero. De ahí la decisión de crear un boletín misionero que llevará el nombre de ‘Missionnaires Xavériens Cameroun-Tchad’ (Misioneros Javerianos Camerún-Chad).

Ahora, de vuelta a casa, retomando el trabajo cotidiano.

Un abrazo. Fernando

 

domingo, 1 de enero de 2012

¡Feliz Año Nuevo 2012!

“Tratad a los demás como queréis que os traten a vosotros.

En esto consiste la ley y los profetas.”

(Mt 7,12)

 

 

Un abrazo. Fraternalmente.

Fernando García

 

martes, 27 de diciembre de 2011

¡49 años!

‘Que nuestro Señor Jesucristo sea conocido y amado de todos’ (G.M.Conforti)

En días así, es bueno hacer un alto y reflexionar sobre este gran regalo que he recibido. En el fondo, pienso a la vida, a ese momento en que comencé a existir en el vientre de mi madre. Antes de ese momento, simplemente no existía. La vida la vivo como un regalo de Dios. ¿Qué hice para merecerla? Nada. ¿Cuál fue mi esfuerzo? Ninguno. Simplemente empecé a vivir. La vida, un don gratuito. Gracias a Dios, gracias a mis padres, gracias a mi familia, gracias a todas las personas que han ido ayudándome a crecer, hasta el día de hoy. Y han sido y son tantas. ¡Gracias!

Si la vida es un don recibido, ¿por qué guardarlo para mí? Las palabras de Jesús son enormemente clarificadoras: ‘lo que habéis recibido gratuitamente, dadlo gratuitamente’. No hay ningún precio por ello, simplemente se da, se ofrece. Y es curioso, cuánto más se da, más se recibe. ¡Es la ley divina! Menos das, más te empobreces.

Cada mañana hago un pequeño ejercicio mental. Me fijo en mi cuerpo, desde la cabeza hasta los pies: cerebro, vista, oído, boca, nariz, cuello, manos, columna vertebral, aparato circulatorio, aparato digestivo, cintura, sexo, pies. En primer lugar, doy gracias al Señor por tanto don, y a continuación pongo todo ello a su servicio: ‘Tú, Señor, me lo has dado, a Ti, Señor, te lo confío: que en este día, mis pensamientos sean los tuyos, mis palabras la tuyas, mis acciones las tuyas, mis sentimientos los tuyos…’ ¡Todo mi ser al servicio de Dios! Es el deseo que me acompaña cada día. Y pido al Señor que este deseo crezca, crezca y sigua creciendo día tras día.

Hoy, en la Iglesia, hacemos memoria de san Juan Evangelista. Lo conocemos por el Evangelio y las cartas que llevan su nombre. Este Evangelio fue escrito hacia el final del primer siglo. Es un Evangelio muy reelaborado. Ha tenido en cuenta las tradiciones que han llegado hasta él, pero las ha reformulado de una manera única y original. Si lo comparamos con los Evangelios Sinópticos, parece otro Evangelio. Y sin embargo, todos los cuatros hablan de Jesús. El autor ha puesto mucha creatividad e imaginación en la redacción. Podemos decir que no se ha conformado con contar lo que ha recibido, sino que lo ha tamizado a través de su propia experiencia personal y comunitaria, haciéndolo con mucha libertad. Es lo que hace que sea un Evangelio único y original.

En este día lo veo como una invitación. El Evangelio que hemos recibido, sino es reinterpretado a partir de lo que vivimos en este momento concreto de la historia, que es nuestra propia historia y nuestra vida, ¿qué sentido tendrá? Escribir día a día nuestro propio Evangelio, el camino que estamos haciendo aquí y ahora con Jesús.

Un abrazo. Fernando

 

sábado, 24 de diciembre de 2011

¡Feliz Navidad!

La Palabra era la luz verdadera

que ilumina a todo hombre

que viene a este mundo.
En el mundo estaba,

y el mundo existió por ella,

y el mundo no la reconoció.
Vino a los suyos,

y los suyos no la acogieron.

Pero a todos los que la acogieron,

a los que creen en ella,

los hizo capaces de ser hijos de Dios:

quienes no han nacido de la sangre

ni del deseo de la carne, ni del deseo del varón,

sino de Dios.

La Palabra se hizo hombre

y acampó entre nosotros.

Y nosotros contemplamos su gloria,

gloria que recibe del Padre como Hijo único,

lleno de lealtad y fidelidad

(Jn 1,9-14)

 

lunes, 5 de diciembre de 2011

Preparar el camino del Señor

AL HILO DEL EVANGELIO (29)

 

"Que nuestro Señor Jesús-Cristo sea conocido y amado por todos" (G.M.Conforti)

Mc 1, 1-8

‘Comienza la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios.

Tal como está escrito en la profecía de Isaías: Mira, envío por delante a mi mensajero para que te prepare el camino. Una voz clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.

Así se presentó Juan en el desierto, bautizando y predicando un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados.

Toda la población de Judea y de Jerusalén acudía a él, y se hacía bautizar por él en el río Jordán, confesando sus pecados. Juan llevaba un manto hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero en la cintura, y comía saltamontes y miel silvestre. Y predicaba así:

-   Detrás de mí viene uno con más autoridad que yo, y yo no soy digno de  agacharme para soltarle la correa de sus sandalias. Yo os bautizo con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.’

Este tiempo del Adviento mucho se juega con la frase ‘preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.’ Se trata simplemente de eso, de preparar el camino del Señor, de facilitar su llegada.

Cuando esperamos a alguien, nos preparamos para recibirlo bien. Para la llegada de Jesús, la Buena Noticia por excelencia, debe ser algo parecido. ¿En qué consiste esta preparación? Me parece que se puede resumir en una sola cosa: hablar el mismo lenguaje. Si quiero comprender a una persona que habla una lengua distinta a la mía, debo aprender su lengua y manejarla con una cierta seguridad. Algo parecido pasa con Dios.

Hablar el mismo lenguaje de Dios: la verdad, la sinceridad, la fuerza interior, la humildad, el perdón…Si en mi vida no hay la sinceridad, o la verdad, o la humildad, o el perdón, o la fuerza interior, ¿cómo podré acoger la Buena Noticia de Dios, que es todo eso y más?

Juan predicaba ‘un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados.’ Esta preparación no puede hacerse sin un sincero reconocimiento del estado de nuestra salud espiritual. Abrir los ojos y darse cuenta de las constantes que guían nuestra vida. Para ello, es necesaria la humildad, que es la madre de la verdad. Juan reconoce que detrás de él viene uno que es más grande que él.

Sin esta preparación, hecha con esmero y atención, la Navidad se quedará en algo exterior, no llegará a ser una Buena Noticia para mí, aquí y ahora.

¡Feliz tiempo del Adviento!

Fraternalmente. Fernando