lunes, 17 de abril de 2017

Feliz Pascua

« Id a decir a sus discípulos: ha resucitado de entre los muertos y mirad que va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis.»
Con estas palabras hemos recibido el anuncio de la resurrección del Señor Jesús. Quisiera que este mensaje pascual resuene en lo más profundo de nuestro corazón. El Señor resucitado nos espera en nuestra Galilea, allí donde vivimos nuestra vida cotidiana. Es ahí donde quiere encontrarnos.
Encontrar, hacer la experiencia del Señor vivo en medio de nuestras ocupaciones cotidianas es una gracia, un don. Sin embargo, esta gracia y este don hay que buscarlos. Es cuando María Magdalena y la otra María van a ver la tumba donde han depositado el cuerpo de Jesús, que el ángel del Señor sale a su encuentro anunciándoles la buena noticia de la resurrección del Señor y les muestra el camino a recorrer. Y cuando ellas obedecen a las palabras del ángel, es el mismo Jesús resucitado que se presenta delante de ellas.
La experiencia de la resurrección está a nuestro alcance. De la profundidad y la verdad de ella depende la calidad de nuestro testimonio.
Sin embargo, creo que hay una condición previa para poder entrar en el camino que conduce al Señor resucitado. La encuentro en la bienaventuranza: 'Dichosos los limpios de corazón, ellos verán a Dios' (Mt 5,8). A la base de esta bienaventuranza hay un deseo profundo de vivir en la verdad de Dios y por consiguiente un rechazo total de todo lo que aleja de Él. Sí, un rechazo total y con determinación del mal, del pecado bajo todas sus formas y manifestaciones.
Que la celebración de la resurrección del señor Jesús dé a cada uno de nosotros un nuevo impulso de alegría y de confianza en Él, en el compromiso del proyecto del reino de Dios que nos ha confiado.
¡Feliz tiempo pascual!