| 1. | Miércoles: | Mt 13, 44-46: | Orar la intención del Papa : 1. Para que los detenidos sean tratados con justicia y que su dignidad humana sea respectada. 2. Para que los jóvenes, llamados a seguir a Crist, sean disponibles para anunciar el Evangelio hasta las extremidades de la tierra. Orar esta intención varias veces durante el día. Leer Sabiduría 1 |
| 2. | Jueves: | Jr 18, 1-10: | Evitar el mal en los pensamientos para dejarse así modelar por el Señor. Leer Sab 2 |
| 3. | Viernes: | Mt 13, 54-58: | Orar por su fe. Presentar al Señor todas las debilidades espirituales. Leer Sab 3 |
| 4. | Sábado: | Jr 26, 11-19: | No poner resistencia a la Palabra de Dios y orar por su conversión y la de su familia. Leer Sab 4 |
| 5. | Domingo: | Jn 6, 24-35: | Agradecer al Señor por el alimento espiritual recibido en estos últimos tiempos y sonreír mucho. Leer Sab 5 |
| 6. | Lunes: | Mc 9, 2-10: | Transfiguración del Señor : No perder una ocasión para dejarse transfigurar por la palabra de Dios y orar por llegar a ser santo. Leer Sab 6 . |
| 7. | Martes: | Mt 14, 22-36: | Confiar sus inquietudes y preocupaciones a Dios y hacerle confianza. Leer Sab 7 |
| 8. | Miércoles: | Mt 15, 21-28: | Hacer un servicio a uno más pequeño y respectar los compromisos. Leer Sab 8 |
| 9. | Jueves: | Mt 16, 13-23: | Orar por los sacerdotes, diáconos, religios@s y misioner@s. Leer Sab 9 |
| 10. | Viernes : | Jn 12, 24-26 | Tomar compromisos buenos para redinamizar la vida espiritual y ayudar a los otros espiritualmente. Leer Sab 10 |
| 11. | Sábado: | Mt 17, 14-20: | Pedir a Dios el don de la fe y estar alegre y contento. Leer Sab 11 |
| 12. | Domingo: | Jn 6, 41-51: | Comulgar en la Eucaristía con devoción, y orar por los que están privados de la comunión a causa de su estado de vida. Leer Sab 12 |
| 13. | Lunes: | Mt 17, 22-27: | Ofrecer todos los problemas financieros a Dios e intentar serle agradable durante el día. Leer Sab 13 |
| 14. | Martes: | Mt 18, 1-14: | Dejar de lado a una persona o una costumbre que a menudo es causa de caída. Leer Sab 14 |
| 15. | Miércoles: | Lc 1, 39-56: | Asunción de la Virgen María : Recitar el Rosario o 'diez Ave María' y pedir a la Virgen de ayudarte a vivir según el plan que el Señor tiene para ti. Leer Sab 15 |
| 16. | Jueves: | Ez 12, 1-12: | Hacer un buen momento de oración y dialogar con el Señor como Ezequiel. Leer Sab 16 |
| 17. | Viernes: | Mt 19, 3-12: | Ser dulce y orar por las parejas y familias; hacer un gesto de amor hacia tu marido o mujer (si estás casado). Leer Sab 17 |
| 18. | Sábado: | Mt 19, 13-15: | Ofrecer un don a un niño, o tomar un tiempo para dialogar con un niño u orar por él. Leer Sab 18 |
| 19. | Domingo: | Jn 6, 51-58: | Tener un rato de oración delante del Santísimo, al menos 5 minutos. Ser generoso. Leer Sab 19 |
| 20. | Lunes: | Mt 19, 16-22 : | Meditar sobre los aspectos de tu vida de los que no llegas a liberarte para seguir libremente a Jesús. Pedir al Señor que te ayude. Leer Siracide 1 |
| 21. | Martes: | Ez 28, 1-10: | Orar a Dios por tu protección y hacer esfuerzos para huir del pecado. Leer Si 2 |
| 22. | Miércoles: | Mt 20, 1-16: | Ser justo en todos sus actos y si es posible reparar una injusticia cometida. Leer Si 3 |
| 23. | Jueves: | Mt 22, 1-14: | Hacer el sacramento de la reconciliación. Ir a dialogar con un sacerdote o programar de hacerlo. Leer Si 4 |
| 24. | Viernes: | Jn 1, 45-51: | Visitar a una persona en nombre de Jesús o, si es imposible, orar por ella. Leer Si 5 |
| 25. | Sábado: | Mt 23, 1-12: | Compartir la alegría de Cristo en el contexto donde se vive a través de gestos de amor. Leer Si 6 |
| 26. | Domingo: | Jn 6, 60-69: | Hacer un esfuerzo por resistir a las tentaciones y ser fieles a Dios. Leer Si 7 |
| 27. | Lunes: | Mt 23, 13-22: | Ser un testimonio por su comportamiento y reflejar la luz de Jesús. Leer Si 8 |
| 28. | Martes: | Mt 23, 23-26: | Evitar todo escándalo o elevación de la voz; controlarse. Leer Si 9 |
| 29. | Miércoles: | Mc 6, 17-29: | No vanagloriarse, o no buscar el aprecio de los demás. Leer Si 10 |
| 30. | Jueves : | Mt 24, 42-51: | Orar por tu juicio final y orar con amor durante el día. Leer Si 11 |
| 31. | Viernes: | Mt 25, 1-13 | En tu oración íntima, pedir al Señor la Sabiduría, y hacer varios momentos de oración durante el día para acordarse de la Palabra. Leer Si 12 |
Diario misionero de Fernando García, misionero javeriano en Camerún.
domingo, 5 de agosto de 2012
PALABRAS COTIDIANAS Y EJERCICIOS DE LA PALABRA VIVIDA (Agosto 2012)
miércoles, 20 de junio de 2012
La comunidad de formacion San Guido-Maria Conforti
lunes, 4 de junio de 2012
La Santísima Trinidad
AL HILO DEL EVANGELIO (39)
Mt 28, 16-20
En aquel tiempo los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
-- Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándoles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final del mundo
Delante de la fiesta de la Santísima Trinidad me pregunto sobre la identidad de nuestro Dios. Bajo el nombre de Dios se esconden diferentes maneras de comprenderlo. Por eso es bueno preguntarse qué hay detrás del Dios que se nos presenta como Trinidad.
Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas que viven juntas, que se necesitan mutuamente para ser lo que cada una de ellas es. Pero no se anulan, al contrario hay un gran respeto entre ellas: el Padre no es el Hijo, el Hijo no es el Espíritu, el Espíritu no es el Padre y viceversa. Pero el Padre para ser Padre necesita del Hijo y del Espíritu, etc. Es decir, que para ser lo que son, cada uno necesita del otro.
Nuestro Dios no es un Dios solitario, que se basta a sí mismo para vivir. Es un Dios comunidad, comunión, que tiene ‘necesidad’ del otro para revelar su verdadera identidad.
A partir de ahí saco alguna enseñanza para nuestra vida. Ser reflejo de Dios significa comprenderse en relación a los otros. No puedo vivir como si los otros no existiesen. Si en algún momento nos instalamos en esta concepción, debemos saber que no estamos adorando al Dios cristiano, sino a otra imagen de Dios que le hemos dado. Por consiguiente, hay que salir de ahí lo más rápidamente posible. ¿No es esa la realidad del infierno?
Vivo y me realizo plenamente cuando busco al Señor pasando por el otro (familia, amistad, vecindad, compañerismo…). No puedo prescindir del otro, como si su vida no me concerniese. Cuando cuento con el otro, estoy creciendo humanamente. Cuando doy de lado al otro, me deterioro en mi humanidad.
Tener la imagen de la Trinidad delante de los ojos como estímulo continuo de la vocación humana: ser único e incomparable en comunión profunda con el que es diferente, que es único e incomparable igualmente.
Ese es el Dios que anunciamos para “hacer discípulos de todos lo pueblos de la tierra”, formando esa gran familia humana que tiene como origen y destino la Santísima Trinidad.
Fraternalmente. Fernando
lunes, 28 de mayo de 2012
Pentecostés
AL HILO DEL EVANGELIO (38)
Ac 1,8
“Recibiréis una fuerza cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros. A partir de ese momento seréis mis testigos y hablaréis de mí en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.”
Jn 20,19-23
Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
-- Paz a vosotros
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
-- Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
-- Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.
El Espíritu Santo es un don de Dios. Un don es un regalo, no lo merecíamos. Él nos lo ha dado. No es tampoco un derecho. Es simplemente eso, un don.
Jesús ha querido dárnoslo. Sólo se necesita estar dispuesto a acogerlo. Ese don es la fuerza de Dios, esa capacidad para afrontar la vida con serenidad, paz, alegría y mucha convicción interior, esa que sale del fondo del alma.
La Iglesia nació a partir de esa fuerza. Los discípulos perdieron el miedo y se lanzaron a decir lo que sus corazones sentían. Y no temieron por sus vidas, estaban en las manos de Dios. La fuerza de Dios rompió los muros del Cenáculo, los de Jerusalén, los de Samaria, hasta llegar al último rincón del mundo.
Gracias a esa fuerza, y a las personas que se han dejado guiar por ella, hoy conocemos el Amor de Dios en nuestras vidas. ¡Qué privilegiados!
Ser testigo no se inventa de la noche a la mañana, no es el efecto de un relámpago, es el resultado del trabajo cotidiano, del día a día, vivido con la mirada y el corazón puesto en Dios. Todo parte de esa experiencia fundamental: «Antes de formarte en el seno de tu madre, ya te conocía; antes de que tú nacieras, yo te consagré, y te destiné a ser profeta de las naciones.» (Jer 1,5) Y la asimilación de ello: “Antes de formarme en el seno de mi madre, tu me conocías, Señor” (Ps 139,15-16). Saberse y sentirse amado y querido por el Señor, incluso antes de aparecer por este mundo; incluso si no has sido deseado por tus padres, para el Señor eres único e irrepetible.
Mientras no hayas sentido el amor de Dios en tu vida, no podrás ser testigo. Es cuando te das cuenta que “eres precioso a los ojos de Dios” y que cuentas mucho para Él (Is 43,4) que, a partir de ese momento, se desencadena como una especie de “furia” interior en la que no puedes callarte, hay que gritarlo a los cuatro vientos.
“Hasta los confines del mundo”. No olvides todos los que no conocen todavía Jesucristo, no porque le han dado la espalda o lo ignoran, sino porque hasta ahora ningún testigo les ha hablado de Él (Rom 10,13-17).
Hoy, tú y yo somos cristianos gracias al don del Espíritu Santo. ¡Feliz Pentecostés!
Fraternalmente. Fernando García
domingo, 20 de mayo de 2012
La Ascensión
AL HILO DEL EVANGELIO (38)
Ac 1, 1-11
En mí primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo y, apareciéndose durante cuarenta días, les hablo del reino de Dios.
Una vez que comían juntos les recomendó:
-- No es alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua; dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.
Ellos le rodearon preguntándole:
-- Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar la soberanía de Israel?
Jesús contestó:
-- No es toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.
Dicho esto, lo vieron levantarse hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban atentos al cielo, viéndole irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco que les dijeron:
-- Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os dejado para subir al cielo, volverá como le habéis visto marcharse.
La Ascensión del Señor al cielo es uno de los momentos importantes en el periodo pascual. Jesús ha resucitado pero no se queda aquí, vuelve a la casa del Padre. Más tarde, volverá para acompañarnos a cada uno de nosotros en ese camino que nos conducirá hacia la última morada. Esta es nuestra fe.
Nuestro destino no es de permanecer aquí, en la tierra. Hemos sido creados para vivir aquí como ciudadanos de lo Alto. Y si nuestro destino definitivo es el cielo, hay que ir preparándose para ello. ¿De qué manera? Una manera sencilla consiste en imaginar ese cielo, la vida con Dios que nos espera. Es bueno que esa imaginación sea lo más concreta posible (relaciones humanas, estados de ánimo, diálogos,…). A medida que se va imaginando, el corazón empieza a gustarlo, a saborearlo (“¡Qué bien se está aquí!”, “¡Qué belleza vivir así!”) y a desearlo profundamente (“¡No puedo vivir de otra manera!”). De ahí a vivirlo ya no hay más que un pequeño paso. Y en esa tarea cotidiana, Jesús no nos deja solos. ¡Bendita compañía!
Fraternalmente. Fernando
domingo, 13 de mayo de 2012
Permaneced en mi amor
AL HILO DEL EVANGELIO (37)
13 Mayo 2012
Jn 15,9-17
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
-- Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido; y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.
Es un texto genial. Jesús nos invita a permanecer en su amor. Él nos ha amado y continúa amándonos. Pienso en ello, cuando una persona toca tu corazón, te ama como eres, te acoge sin detenerse a pensar en esto o en aquello. Simplemente te ama. ¿Hay alguna razón para ello? Simplemente el amor. ¡Qué grande es Dios!
Y puesto que él nos ama, nos invita a hacer lo mismo. ¡Podemos amar como Dios nos ama! Es curioso, la clave está en darse cuenta que Dios me ama tal como soy. Esa parte del ‘tal como soy’ que sólo conozco yo. Cuando me doy cuenta de ello, surgen las lágrimas en mis ojos. Entonces, ¿cómo no amar al otro tal que él es? Amar así es un don, un regalo de la Resurrección.
La consecuencia lógica de esta manera de amar es que a partir de ese momento el centro de la vida no eres tú, tu ombligo. El centro está situado fuera de ti. Son los otros, que en ese momento se convierten en parte de tu vida. Dar la vida por los amigos. ¡Qué belleza una vida vivida amando! ¡Qué belleza vivir la vida pensando en los demás! Es la belleza de Dios.
Y Jesús nos llama AMIGOS. Él ha compartido con nosotros su intimidad. Entre Él y nosotros no hay secreto. Él nos ha abierto su corazón. ¡Ser amigos de Dios! ¿Y quién soy yo para ser objeto de predilección de esta amistad divina? Sólo una palabra sale de mi boca: ¡GRACIAS, Señor! No soy yo quien te he elegido, eres tú quien me has elegido y has sembrado en mi corazón la semilla divina para que pueda dar, como tú, el fruto que no perece, ese que es eterno: el fruto del AMOR.
A partir de ahí, todo lo que pidamos al Padre en su nombre, Él nos lo dará.
Fraternalmente. Fernando
miércoles, 11 de abril de 2012
NO ESTA AQUÍ, HA RESUCITADO
Jn 20, 1-18
He llegado al final de este trimestre bastante cansado. Los jóvenes se marcharon a sus casas apenas terminaron las clases en el Seminario (29 de marzo). Estos días de ‘desierto’ me han venido bien para recuperar las fuerzas y afrontar la vida cotidiana con serenidad y paz. Los días pascuales los he vivido con la comunidad cristiana más cercana a nuestra comunidad. Jueves, Viernes y Sábado, la Iglesia repleta de personas que han participado muy activamente en los diferentes misterios litúrgicos. El Via-Crucis del Viernes Santo por la mañana, tantísima gente por las calles del barrio en silencio, orando, cantando. Un testimonio de verdadera fe.
Y la celebración de la Resurrección precedida de un auténtico temporal de agua.
Y ahí estoy todavía… ¿Qué es la Resurrección?, ¿en qué consiste? Me ha ayudado a entrar en el tema la respuesta que daba un monje en una entrevista hecha en la revista Prier de este mes. El periodista le preguntaba:
- “Después de tantos años en la clausura, el rostro de Cristo se descubre/revela un poco para ti?
- Lo importante no es que yo vea Su rostro, sino que constato que Lo busco continuamente!”
La Resurrección es cosa de corazón. Veo a Maria de Magdala y no puedo pensar en otra cosa: encuentra al resucitado porque lo ama, y quien ama se esfuerza, supera los obstáculos, no tiene cuenta de qué dirán, nada puede detener el deseo profundo de encontrarse con el Amado, ni siquiera la evidencia de la tumba vacía. El pensamiento, la razón vienen después.
¡Feliz Pascua de Resurrección!
Fraternalmente. Fernando
lunes, 19 de marzo de 2012
Nacer de nuevo
AL HILO DEL EVANGELIO (36)
Jn 3,14-21
El texto que nos ocupa está precedido de un diálogo entre Jesús y Nicodemo. Jesús le dice a Nicodemo que es necesario nacer de nuevo para ver el Reino de Dios. Nicodemo reflexiona y no logra comprenderlo: él es ya mayor, ¿cómo puede nacer de nuevo, entrar una segunda vez en el seno de su madre? ¡No es posible! Jesús le insiste por segunda vez: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. A lo que Nicodemo le responde: ¿cómo puede ser eso? He aquí la contestación de Jesús.
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
-- Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
El nuevo nacimiento del que habla Jesús es el de la vida eterna. Para “nacer de nuevo” es necesario creer en él. ¿Qué significa creer en él? Veo tres elementos. El primero, se trata ante todo de una adhesión de fondo, radical, fundamental: estoy contigo, Señor, soy de este bando y no del otro, quiero hacer tu voluntad. El segundo, es la unión de corazón: estoy unido a ti, Señor, te amo y quiero amarte por encima de todo. El tercero, es la colaboración estrecha, íntima: quiero vivir en ti, Señor, quiero trabajar contigo y con ningún otro.
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Es conmovedora esta gran verdad: Dios ha amado y sigue amando al mundo hasta el punto de ofrecerle lo más grande y valioso que tiene, su Hijo único. ¿Por qué lo hace? Para que cada ser humano pueda nacer de nuevo. El corazón de Dios no puede permanecer callado, indiferente cuando ve que la “niña de sus ojos” escoge otro camino.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él.
El lenguaje de Dios no es meter miedo, crear incertidumbre, desasosiego, nerviosismo, ruido infernal. Dios nos ama profundamente, nos quiere salvados.
El que cree en él no será condenado; el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
Dios no condena a nadie. El hombre se condena a sí mismo cuando elige vivir lejos de la luz divina. ¿Qué quiere decir la condenación?
El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas.
Cuando se elige conscientemente el camino del mal y se permanece en él. En la práctica, se está contra Dios, se trabaja contra Él.
Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.
Fraternalmente.
Fernando
lunes, 12 de marzo de 2012
El templo de Dios
AL HILO DEL EVANGELIO (35)
Jn 2,13.25
Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:
-- Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: "el celo de tu casa me devora".
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:
-- ¿Qué signos nos muestras para obrar así?
Jesús contestó:
-- Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.
Los judíos replicaron:
-- Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de lo que había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la Palabra que había dicho Jesús. Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía, pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.
Me imagino a Jesús entrando en el templo. Lo que vio debió degustarle profundamente y tuvo una reacción instintiva. Me parece que es la única vez que los Evangelios nos dicen que Jesús reaccionó violentamente.
‘Pero él hablaba del templo de su cuerpo.’
A partir de ese hecho, Jesús va a revelarse como el templo. Sus hermanos, los judíos, adoraban a Dios en el templo que había sido reconstruido. Representaba la presencia de Dios. Era ahí donde se podía encontrar a Dios porque era su residencia. Jesús cambia radicalmente la concepción de Dios. El verdadero templo es su propio cuerpo. Dios vive en él y él en Dios.
A partir de ahí veo dos enseñanzas para nuestra vida. La primera, a veces nos preguntamos ¿dónde puedo encontrar a Dios? En Jesús. Es él el verdadero templo. Para ello es suficiente, en un primer momento, mirarlo, escucharlo. En lo que ha hecho y dicho vemos a Dios. Así de sencillo. Eso sí, es necesario confiar en él, en su Palabra. Más estaremos con él, más descubriremos el rostro de Dios.
La segunda. Jesús no se reserva las cosas para él. Las comparte. ‘Mi alegría es vuestra alegría’; ‘a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.’ Nosotros también somos el templo de Dios. Lo que es él, lo somos también nosotros. Es una idea que me hace feliz, saber que Dios está en mí, en mi corazón, en lo más profundo del misterio de mi vida, allí donde siento que estoy en las manos de ese Alguien que no soy yo. Esta presencia divina que va mucho más allá de lo que puedo comprender me ayuda a sentirme acompañado. ¡No estoy solo!
¿Hay algún secretillo para darse cuenta de ello? Personalmente me ayuda el fijarme en la respiración y permanecer ahí. A la base de la respiración se va descubriendo la presencia de ese Alguien que nos ha dado el don de la vida. Progresivamente se establece una cierta familiaridad, ese Alguien cercano, íntimo, se convierte en el confidente personal. A un cierto momento, uno se da cuenta que está enganchado, no puedo vivir sin Él.
Fijarse en la respiración: al levantarse, en el ajetreo diario, antes de encontrar una persona, en el tiempo ‘perdido’, delante de una preocupación, de un problema que nos da cierto dolor en la cabeza, de un momento gozoso, para conciliar el sueño… A veces, durante la noche, cuando me despierto y quiero recuperar el sueño me fijo en la respiración y digo: ‘Dios mío’ o ‘Señor mío’. Es curioso, en segundos el sueño me ha tomado. Cuando me levanto por la mañana después de haberme confiado al Señor a través de la respiración antes de dormir, la jornada la comienzo de una manera alegre, esperanzadora, confiada. A veces, durante la jornada, estoy ocupado haciendo esto o lo otro, fijarme en la respiración me da paz, sosiego, alegría. De vez en cuando hay también algunos problemas con quebraderos de cabeza, pienso en el Señor a través de la respiración, el problema sigue ahí, pero lo afronto confiadamente.
Ser templo, morada de Dios. ¡Qué gran dignidad!
Un cuentecillo de Thony de Mello:
BUSCAR EN LUGAR EQUIVOCADO
Un vecino encontró a Nasruddin cuando éste andaba buscando algo de rodillas.
« ¿Qué andas buscando, Mullab?».
«Mi llave. La he perdido».
Y arrodillados los dos, se pusieron a buscar la llave perdida. Al cabo de un rato dijo el vecino: «¿Dónde la perdiste?». «En casa».
« ¡Santo Dios! Y entonces, ¿por qué la buscas aquí?».
«Porque aquí hay más luz».
¿De qué vale buscar a Dios en lugares santos si donde lo has perdido ha sido en tu corazón?
Fraternalmente. Fernando
jueves, 8 de marzo de 2012
El cielo sobre la tierra
AL HILO DEL EVANGELIO (34)
Mc 9,2-10
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.
Se les apreció Elías y Moisés conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús:
-- Maestro. ¡Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Estaban asustados y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube:
-- Este es mi Hijo amado; escuchadlo.
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús los mandó:
-- No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.
Esto se les quedó grabado y discutían que querría decir aquello de resucitar de entre los muertos.
Es Jesús mismo que acompaña a tres de sus discípulos a una montaña. Allí va a tener lugar un hecho extraordinario: el cielo sobre la tierra. Son esos momentos de la vida donde el Señor nos ha hecho gustar por pura gracia suya la realidad celeste. Han sido tan importantes y determinantes en nuestras vidas que se nos han quedado grabados, no se borrarán.
En la tierra gustando el cielo. Nada se puede comparar a esta realidad ‘deslumbrante’. Vivir y gustar de un modo intenso la presencia de Dios. Han podido ser momentos particulares, o bien períodos algo más largos. En todo caso, en general son experiencias gratuitas, nos han pillado por sorpresa, sin esperarlo. Es la gratuidad de Dios. ¿Por qué a mí? No encuentro respuesta. ¿Y por qué Jesús tomó sólo a tres de sus discípulos? ¿Y los otros nueve? Dejo la respuesta a Dios mismo. Lo único que se es que es una experiencia de gracia. No hice nada para ser testigo de ella. Y, sin embargo, el Señor me la regaló.
En la vida, no hay muchas experiencias de estas. Si miro mi propia vida, puedo reconocer dos, tres. Y paro de contar. Eso sí, experiencias determinantes que explican lo que soy hoy. En esos momentos, todo se ve claro, no hay dificultades que puedan pararte. Se despierta en el corazón un gran deseo de estar con Jesús, de vivir con Él, de ir hasta ‘los confines de la tierra’. ¿Con qué seguridad? La que Él da en ese momento, es decir, la confianza. Son los momentos donde se hacen las grandes opciones de la vida, uno se olvida de sí mismo y se lanza al ‘vacío’. ¿Qué voy a encontrar mañana? Y el mañana, ¿no pertenece a Dios? Adelante. La única seguridad, Dios. Son momentos extraordinariamente bellos. Uno quisiera permanecer ahí, pero…
… De nuevo en la tierra, en la lucha cotidiana, con las dudas e inseguridades, los miedos, los cálculos, la pregunta sobre el mañana, las tentaciones, las caídas, los malhumores, las contradicciones… En medio de todo ello, una luz en el camino: Jesús, su Palabra. Y una actitud básica y fundamental: la confianza en Él. Juntos con Él vamos recorriendo el camino de la vida, descubriendo la grandeza de ser hijos de Dios. ¡Qué don!
Fraternalmente.
Fernando
