martes, 21 de febrero de 2012

Esas parálisis

AL HILO DEL EVANGELIO (33)

Mc 2,1-12

Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la Palabra. Llegaron cuatro llevando un paralítico, y como no podían meterlo por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico:

-- Hijo, tus pecados quedan perdonados

Unos letrados, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros:

-- ¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?

Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo:

-- ¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico "tus pecados quedan perdonados" o decirle "levántate, coge la camilla y echa a andar?” Pues, para- que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados...

Entonces le dijo al paralítico:

-- Contigo hablo. Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa

Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo:

-- Nunca hemos visto una cosa igual.

 

En el Evangelio de hoy encuentro varias enseñanzas. La primera es el cuadro en el que esta escena se desarrolla. Jesús está en casa, ¿de quién?, ¿de Pedro?, ¿la suya? En todo caso, es la sede de la primera comunidad cristiana. En casa, Jesús propone la Palabra a cuantos se acercan a Él.

La comunidad está llamada a proponer la Palabra que es Jesús, hablar de lo que lleva dentro de su corazón. Eso no puedo callárselo. Si no lo anuncia, no tiene sentido su vida. En este caso, la comunidad, la Iglesia se quedará sin Vida.

La segunda, estos cuatro (¿cómo se llaman?, ¿quiénes son?, ¿de dónde vienen?) traen a un paralítico sobre una camilla. No pueden entrar a causa del gentío. Pero eso no les hace dar marcha atrás. Superan la dificultad y lo introducen por el tejado dejándolo caer allí donde Jesús estaba proponiendo la Palabra. Jesús viendo la fe de estos cuatro, dice al paralítico: -- ‘Hijo, tus pecados quedan perdonados. ¿Pero de qué parálisis se trata? Y ¿cómo es esto que es la fe de los otros la que cura al paralítico?

A veces hemos podido vivirlo en nuestra propia carne: no podíamos más, desilusionados, decepcionados, frustrados, sin fuerzas para levantarnos. Y ahí de pronto, la mano amiga, la mirada de ternura, la palabra de aliento, la compañía silenciosa nos ha vuelto a dar la esperanza. Hemos podido ponernos de nuevo de pie y mirar hacia adelante con la sonrisa en nuestros labios y la alegría reencontrada en nuestro corazón.

A veces hemos podido formar parte de esos ‘cuatro’. Sobre todo cuando hemos estado atentos a los demás, cuando hemos pensado en la necesidad del otro antes de la nuestra.

Hoy día pienso que una comunidad, que escucha la Palabra que Jesús le propone cotidianamente, no puede recorrer el camino de la vida sin mirar a quien yace paralizado en la camilla y que está esperando las manos de la generosidad, de la amistad, del perdón, de la confianza en sí mismo, de la escucha…

La tercera, hay unos letrados por allí que, viendo como suceden las cosas, no están contentos de lo que Jesús acaba de hacer y lo acusan de blasfemia, porque como buenos expertos en el oficio sabían que eso de perdonar pecados corresponde en exclusiva a Dios.

Poder alegrarse del bien que tantas personas hacen a nuestro alrededor, venga de donde venga. ¡Qué gran don de Dios! El bien no conoce fronteras, no es propiedad exclusiva de ninguna religión, de ningún movimiento social, de ningún partido político, de ningún inspirado espontaneo. ¡El bien es el bien! Su origen es divino.

Fraternalmente. Fernando

 

lunes, 6 de febrero de 2012

La fiebre

AL HILO DEL EVANGELIO (32)

Mc 1,29-39

“Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo hicieron saber enseguida. Él se acercó a ella, la tomó de la mano y la levantó. Se le fue la fiebre y se puso a servirles.”

Es una escena bonita. Todo pasa con rapidez. Jesús con dos de sus discípulos va a casa de Simón y Andrés. ¿Por qué no ver en esta casa el núcleo de la primera comunidad cristiana? Allí hay una persona -la suegra de Simón- que está en la cama con fiebre. Es una realidad, cuando se tiene fiebre uno no tiene ganas de hacer nada, la alegría de la vida desaparece. Y si es una fiebre alta, no se ven muchas perspectivas de futuro, más bien todo parece negativo. ¿No es esto lo que sucede en esta comunidad cristiana? La fiebre del pesimismo, del vivir y pensar para sí, del olvidarse de los demás… y de Dios.

La sola presencia de Jesús desbloquea la situación: se acerca, la toma de la mano y la levanta. Y el ‘milagro’ se realiza: se puso a servirles.

Son momentos, períodos, temporadas, días, donde no hay muchas ganas de vivir, todo parece triste, el color de la monotonía se instala en nuestras vidas. Falta la chispa del entusiasmo, la alegría de vivir para los demás, la esperanza en el mañana, la sonrisa que alegra el corazón del que está enfrente, el sacrificio alegre del anonimato…

Todo ello sucede cuando nos aislamos de Jesús, le damos la espalda, miramos en otra dirección. Y como un virus contagioso la fiebre se instala y la propagamos a nuestro alrededor. ¡Dios mío, que triste es vivir así!

El cambio llega cuando, por pura gracia de Dios, Él nos visita y nosotros lo acogemos. No se necesitan grandes discursos, basta decir: ‘Señor, ayúdame, que esto no es vida’; y añadir: ‘Señor, cuento contigo, tengo confianza en ti’. Y el cambio llega.

Qué alegría de levantarse por la mañana y ver  la luz del nuevo día como un regalo que nos es dado por pura gracia, por puro amor. Y llegar a mediodía y seguir respirando la ternura de una vida que nos ha sido dada para hacer agradable la vida de los demás. Y a la noche, estar satisfecho de todo lo vivido y poder dormir en paz. ¡Qué buen descanso para comenzar un nuevo día!

 

“Al atardecer, cuando se puso el sol, le llevaron toda clase de enfermos y endemoniados. Toda la población se agolpaba a la puerta. Él sanó a muchos enfermos de dolencias diversas y expulsó a numerosos demonios, a los que no les permitía hablar, porque lo conocían.

Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, se levantó, salió y se dirigió a un lugar despoblado, donde estuvo orando.”

Ahí está el secreto de una vida lograda, vivida de pie y no en la cama, sana y no enfermiza, de una vida que piensa antes en los demás que en uno mismo: es la oración, el diálogo cotidiano con nuestro Padre. Levantarse temprano, un poco antes de que comience el ajetreo de la jornada, y ahí a solas con Él, escucharlo en su Palabra, confiarse enteramente, ponerse en sus manos y dejarse guiar. No hay otro secreto para el milagro.

 

“Simón y sus compañeros lo buscaron y cuando lo encontraron, le dijeron: ---Todos te están buscando.

Les respondió: ---Vámonos de aquí a las aldeas vecinas, para predicar también allí, pues a eso he venido. Y fue predicando en sus sinagogas y expulsando demonios por toda Galilea.”

Y el camino de la vida continúa. No podemos detenernos.

Fraternalmente. Fernando García

 

 

jueves, 2 de febrero de 2012

Enseñar con autoridad

AL HILO DEL EVANGELIO (31)

Mc 1,21-28

Llegaron a Cafarnaún y el sábado siguiente entró en la sinagoga a enseñar. La gente se asombraba de su enseñanza porque lo hacía con autoridad, no como los letrados.

Precisamente en aquella sinagoga había un hombre poseído por un espíritu inmundo, que gritó:

--- ¿Qué tienes contra nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: ¡el Consagrado de Dios!

Jesús le increpó:

--- ¡Calla y sal de él!

El espíritu inmundo sacudió al hombre, dio un fuerte grito y salió de él.

Todos se llenaron de estupor y se preguntaban:

--- ¿Qué significa esto? ¡Una enseñanza nueva, con autoridad. Hasta a los espíritus inmundos les da órdenes y le obedecen.

Su fama se divulgó rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea.

 

El Reino de Dios comienza su andadura. Jesús entra como uno más en la sinagoga. Es el día del sábado. Después de escuchar la Palabra de Dios, invitan a Jesús a hacer un comentario sobre la Palabra que acaban de escuchar. Y al escucharlo, la gente se asombra pues, he aquí la novedad, enseña con autoridad, y no como lo hacían los letrados.

Enseñar con autoridad es enseñar con coherencia, lo que dices con tus labios corresponde a lo que tu vives. Y eso se ve, se palpa. Lo contrario, es hablar por hablar. Bellas palabras pero huecas en su interior. La Buena Noticia del Reino de Dios comienza por ahí, por la coherencia entre lo que se habla y lo que se vive. Stop a la falsedad, a la hipocresía, a la mentira camuflada.

Y ahí, en la sinagoga, en el lugar donde se da culto a Dios, hay un hombre poseído por un espíritu inmundo. No soporta la ‘autoridad’ con la que habla Jesús. No se trata de una sola persona, pues habla al plural. Es curioso, esta asamblea que ha venido para alabar a Dios y escuchar su Palabra, resulta que está poseída por un espíritu malo, no soporta la coherencia de vida de quien les está hablando, Jesús.

Es una asamblea enferma, poseída, pero que ansía, quizás inconscientemente, una Buena Noticia que la libre de todo lo que la hace sufrir y vivir de una manera alienada. Esa Buena Noticia es Jesús. Y este hombre poseído es finalmente liberado.

Fraternalmente. Fernando García

 

jueves, 26 de enero de 2012

La Buena Noticia

AL HILO DEL EVANGELIO (30)

Mc 1,14-20

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se dirigió a Galilea a proclamar la Buena Noticia de Dios. Decía: ---“Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en la Buena Noticia.”

Caminando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que echaban las redes al lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo:

 ---“Veníos conmigo y os haré pescadores de hombres.”

Al instante, dejando las redes, le siguieron.

Un trecho más adelante vio a Santiago de Zebedeo y a su hermano Juan, que arreglaban las redes en la barca. Inmediatamente los llamó. Y ellos dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron con él.’

 

Esta aventura comienza con una Buena Noticia: ‘el plazo se ha cumplido, el reino de Dios está cerca’. Se esperaba desde hacia tiempo. Ahora está ahí al alcance de todos. ¿En qué consiste el reino de Dios? Fundamentalmente en dos cosas: Dios es nuestro Padre y consecuentemente nosotros somos hermanos. Esta es la Buena Noticia que Jesús proclama y que va a vivir a lo largo del tiempo que pudo vivir.

Para acoger este gozoso anuncio es necesaria la conversión, es decir, acoger el modo de pensar y de obrar de Dios. Sin esta conversión, todo ello se queda en palabras huecas.

Este reino de Dios avanza, progresa, se construye con la colaboración humana. Inmediatamente después de anunciar la Buena Noticia, Jesús invita a ciertas personas a seguirlo, a caminar con Él, a comenzar a realizar el sueño de Dios nuestro Padre. Los invita a ser pescadores de hombres. Jesús no tiene miedo, ni reparo en decir las cosas por su nombre: el reino de Dios se hace realidad en la medida en que hay hombres y mujeres que lo abrazan. ¿Pero cómo podrán abrazarlo si no hay discípulos del Reino que tienen la osadía de invitarlos, de llamarlos? Y ahí, Jesús ni vacila ni tiemblan sus labios.

Fraternalmente. Fernando García

 

 

viernes, 20 de enero de 2012

Capítulo Regional

He estado estas dos primeras semanas en Garoua. Hemos tenido el capítulo regional que se celebra cada cuatro años. Allí nos hemos encontrado los treinta compañeros que estamos presentes en el Chad (tres comunidades) y en Camerún (seis comunidades). Cinco compañeros estaban ausentes por caso de enfermedad y otros.

El capítulo regional es un momento importante de la vida de la Región. Se miran los cuatros años pasados, se hace una evaluación que permite de proyectarse hacia los próximos cuatro años. Se eligen a los compañeros (cinco) que harán el trabajo de animación y de gobierno.

Entre las orientaciones tomadas están las que se vienen realizando y que forman parte de nuestro servicio misionero: el catecumenado, la formación de las Comunidades Eclesiales de Base, la realidad juvenil, la promoción humana, Justicia y Paz… Los tiempos cambian y la situación de hoy no es la de hace diez años. Por ejemplo, por lo que respecta al catecumenado, en el pasado estaba compuesto principalmente por adultos. Hoy, la mayoría son niños y adolescentes. El método debe cambiar.

Una mención importante respecto al Islam. En un pasado no muy lejano (diez años), en la zona donde trabajamos en el Chad, la presencia de mezquitas era pequeña. Hoy día, el Islam está presente en casi todos los poblados. ¿Cómo situarse ante esta nueva realidad? De ahí la importancia de comprometerse de una manera significativa: conocer mejor el Islam, crear iniciativas de encuentro interreligioso, formar las comunidades cristianas…

La realidad socio-política-económica en la que vivimos se presenta como un gran desafío. ¿Qué hacer? Formar una conciencia crítica en nosotros mismos y en las comunidades que se nos han confiado se presenta como una necesidad urgente. En el fondo, se trata de abrir los ojos para poder actuar.

La animación misionera y vocacional ocupa un puesto importante en nuestra presencia misionera, sobretodo en el Sur de Camerún. Aquí se trata de Iglesias que tienen más de un siglo de vida: diócesis bien organizadas con un clero abundante. Pero donde la dimensión misionera no se ve mucho. Es una Iglesia que ha recibido mucho en personal y a nivel material. Ahora hay que ayudarla a que sea misionera, que tome su parte de responsabilidad en la misión universal de la Iglesia. Es parte de nuestro servicio misionero. De ahí la decisión de crear un boletín misionero que llevará el nombre de ‘Missionnaires Xavériens Cameroun-Tchad’ (Misioneros Javerianos Camerún-Chad).

Ahora, de vuelta a casa, retomando el trabajo cotidiano.

Un abrazo. Fernando

 

domingo, 1 de enero de 2012

¡Feliz Año Nuevo 2012!

“Tratad a los demás como queréis que os traten a vosotros.

En esto consiste la ley y los profetas.”

(Mt 7,12)

 

 

Un abrazo. Fraternalmente.

Fernando García

 

martes, 27 de diciembre de 2011

¡49 años!

‘Que nuestro Señor Jesucristo sea conocido y amado de todos’ (G.M.Conforti)

En días así, es bueno hacer un alto y reflexionar sobre este gran regalo que he recibido. En el fondo, pienso a la vida, a ese momento en que comencé a existir en el vientre de mi madre. Antes de ese momento, simplemente no existía. La vida la vivo como un regalo de Dios. ¿Qué hice para merecerla? Nada. ¿Cuál fue mi esfuerzo? Ninguno. Simplemente empecé a vivir. La vida, un don gratuito. Gracias a Dios, gracias a mis padres, gracias a mi familia, gracias a todas las personas que han ido ayudándome a crecer, hasta el día de hoy. Y han sido y son tantas. ¡Gracias!

Si la vida es un don recibido, ¿por qué guardarlo para mí? Las palabras de Jesús son enormemente clarificadoras: ‘lo que habéis recibido gratuitamente, dadlo gratuitamente’. No hay ningún precio por ello, simplemente se da, se ofrece. Y es curioso, cuánto más se da, más se recibe. ¡Es la ley divina! Menos das, más te empobreces.

Cada mañana hago un pequeño ejercicio mental. Me fijo en mi cuerpo, desde la cabeza hasta los pies: cerebro, vista, oído, boca, nariz, cuello, manos, columna vertebral, aparato circulatorio, aparato digestivo, cintura, sexo, pies. En primer lugar, doy gracias al Señor por tanto don, y a continuación pongo todo ello a su servicio: ‘Tú, Señor, me lo has dado, a Ti, Señor, te lo confío: que en este día, mis pensamientos sean los tuyos, mis palabras la tuyas, mis acciones las tuyas, mis sentimientos los tuyos…’ ¡Todo mi ser al servicio de Dios! Es el deseo que me acompaña cada día. Y pido al Señor que este deseo crezca, crezca y sigua creciendo día tras día.

Hoy, en la Iglesia, hacemos memoria de san Juan Evangelista. Lo conocemos por el Evangelio y las cartas que llevan su nombre. Este Evangelio fue escrito hacia el final del primer siglo. Es un Evangelio muy reelaborado. Ha tenido en cuenta las tradiciones que han llegado hasta él, pero las ha reformulado de una manera única y original. Si lo comparamos con los Evangelios Sinópticos, parece otro Evangelio. Y sin embargo, todos los cuatros hablan de Jesús. El autor ha puesto mucha creatividad e imaginación en la redacción. Podemos decir que no se ha conformado con contar lo que ha recibido, sino que lo ha tamizado a través de su propia experiencia personal y comunitaria, haciéndolo con mucha libertad. Es lo que hace que sea un Evangelio único y original.

En este día lo veo como una invitación. El Evangelio que hemos recibido, sino es reinterpretado a partir de lo que vivimos en este momento concreto de la historia, que es nuestra propia historia y nuestra vida, ¿qué sentido tendrá? Escribir día a día nuestro propio Evangelio, el camino que estamos haciendo aquí y ahora con Jesús.

Un abrazo. Fernando

 

sábado, 24 de diciembre de 2011

¡Feliz Navidad!

La Palabra era la luz verdadera

que ilumina a todo hombre

que viene a este mundo.
En el mundo estaba,

y el mundo existió por ella,

y el mundo no la reconoció.
Vino a los suyos,

y los suyos no la acogieron.

Pero a todos los que la acogieron,

a los que creen en ella,

los hizo capaces de ser hijos de Dios:

quienes no han nacido de la sangre

ni del deseo de la carne, ni del deseo del varón,

sino de Dios.

La Palabra se hizo hombre

y acampó entre nosotros.

Y nosotros contemplamos su gloria,

gloria que recibe del Padre como Hijo único,

lleno de lealtad y fidelidad

(Jn 1,9-14)

 

lunes, 5 de diciembre de 2011

Preparar el camino del Señor

AL HILO DEL EVANGELIO (29)

 

"Que nuestro Señor Jesús-Cristo sea conocido y amado por todos" (G.M.Conforti)

Mc 1, 1-8

‘Comienza la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios.

Tal como está escrito en la profecía de Isaías: Mira, envío por delante a mi mensajero para que te prepare el camino. Una voz clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.

Así se presentó Juan en el desierto, bautizando y predicando un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados.

Toda la población de Judea y de Jerusalén acudía a él, y se hacía bautizar por él en el río Jordán, confesando sus pecados. Juan llevaba un manto hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero en la cintura, y comía saltamontes y miel silvestre. Y predicaba así:

-   Detrás de mí viene uno con más autoridad que yo, y yo no soy digno de  agacharme para soltarle la correa de sus sandalias. Yo os bautizo con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.’

Este tiempo del Adviento mucho se juega con la frase ‘preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.’ Se trata simplemente de eso, de preparar el camino del Señor, de facilitar su llegada.

Cuando esperamos a alguien, nos preparamos para recibirlo bien. Para la llegada de Jesús, la Buena Noticia por excelencia, debe ser algo parecido. ¿En qué consiste esta preparación? Me parece que se puede resumir en una sola cosa: hablar el mismo lenguaje. Si quiero comprender a una persona que habla una lengua distinta a la mía, debo aprender su lengua y manejarla con una cierta seguridad. Algo parecido pasa con Dios.

Hablar el mismo lenguaje de Dios: la verdad, la sinceridad, la fuerza interior, la humildad, el perdón…Si en mi vida no hay la sinceridad, o la verdad, o la humildad, o el perdón, o la fuerza interior, ¿cómo podré acoger la Buena Noticia de Dios, que es todo eso y más?

Juan predicaba ‘un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados.’ Esta preparación no puede hacerse sin un sincero reconocimiento del estado de nuestra salud espiritual. Abrir los ojos y darse cuenta de las constantes que guían nuestra vida. Para ello, es necesaria la humildad, que es la madre de la verdad. Juan reconoce que detrás de él viene uno que es más grande que él.

Sin esta preparación, hecha con esmero y atención, la Navidad se quedará en algo exterior, no llegará a ser una Buena Noticia para mí, aquí y ahora.

¡Feliz tiempo del Adviento!

Fraternalmente. Fernando

 

lunes, 21 de noviembre de 2011

Venid, benditos de mi Padre

AL HILO DEL EVANGELIO (28)
21 Noviembre 2011
 
"Que nuestro Señor Jesús-Cristo sea conocido y amado por todos" (G.M.Conforti)
 
Mt 25,31-46
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-- Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: "Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme." Entonces los justos le contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?" Y el rey les dirá: "Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis."
Y entonces dirá a los de su izquierda: "Apartaos de mi, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis." Entonces también éstos contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?" Y él replicará: "Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo." Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.
Con este Domingo terminamos el tiempo litúrgico ordinario y nos preparamos para iniciar, Domingo próximo, el Adviento. Resulta muy significativo que el Evangelio que se nos propone sea esta parábola del juicio final. De hecho, toda la Escritura se resume en ello.
La gran verdad es que a Dios lo encontramos en cada ser humano. No hay otro camino posible para ir hacia Él. O se pasa por el prójimo o nos hacemos ilusiones, porque a veces se vive de eso, de ilusiones. Ahí está la verdad de toda religión, de todo camino hacia Dios.
Es curioso, pero Jesús no dice que lo encontraremos en la Iglesia, ni en la oración, ni en los sacramentos, ni en las diversas prácticas religiosas. Todo ello son medios, y medios necesarios, para ayudarnos a encontrarlo verdaderamente donde Él se encuentra. A menudo, me gusta recordar el ejemplo de la persona que con el dedo señala la luna. La cosa importante no es el dedo que indica la luna, sino la luna. Si me quedo mirando al dedo, ¡ahí tonto de mí!, me pierdo lo más importante.
El primer paso, es caer en la cuenta que Jesús está en cada ser humano que encontramos, lo conozcamos o no. Y no hay que dar por supuesto esta afirmación.
El paso siguiente es adorarlo ahí donde se encuentra. La adoración, creo que puede ser sinónimo de servicio, de respeto, de cordialidad, de ternura, de atención, de humildad, de escucha…
Me viene a la mente las diferentes procesiones que hacemos con imágenes de Jesús, de la Virgen, y de los santos; en particular, la del Corpus Christi. ¡Cuanto respeto y devoción! Y no podría ser menos. Si logramos tener ese mismo respeto y devoción hacia nuestros prójimos, entonces estamos en el buen camino, estamos practicando la buena religión.
Pienso en la celebración de la Eucaristía. Bien preparada y vivida, es una experiencia única de comunión con Dios. El encuentro con nuestro herman@, debe ser vivido con la misma intensidad que celebramos la Eucaristía.
Pero Jesús, en esta parábola, da un paso más. Nos habla de personas necesitadas: hambriento, sediento, extranjero, desnudo, enfermo, prisionero. Se trata de personas que sufren, que no tienen la alegría de la vida. Pues Jesús está ahí. Aún más, Él es ese hambriento, ese sediento, ese extranjero, ese desnudo, ese enfermo, ese prisionero. "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?" Y Él responderá: "Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis."
La verdadera religión, el verdadero culto, la verdadera oración, el verdadero acto religioso, la verdadera celebración, es la que nos ayuda a descubrir a Dios presente en cada rostro humano, en particular, quien se encuentra inmerso en el sufrimiento, en la desesperación, en la indiferencia, en la soledad…
Y cuando se descubre que Dios está ahí, ¿quién no le dará una mano para aliviar ese dolor?
¡Feliz quien logra hacer la relación entre ese rostro humano y Dios!
¡Feliz semana! Fraternalmente.
Un abrazo. Fernando García

viernes, 11 de noviembre de 2011

Ven, amigo y hermano mío

AL HILO DEL EVANGELIO (26)
 
"Que nuestro Señor Jesús-Cristo sea conocido y amado por todos" (G.M.Conforti)
 
Mt 25,1-13
"Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio.
Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes.
Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas.
Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron.
Mas a media noche se oyó un grito:
-          "¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!"
Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas.
Y las necias dijeron a las prudentes:
-          "Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan."
Pero las prudentes replicaron:
-          "No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis."
Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo:
-          "¡Señor, señor, ábrenos!"
Pero él respondió:
-          "En verdad os digo que no os conozco."
Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora."
Me parece ver en esta parábola dos actitudes, dos maneras de vivir la vida cotidiana. Por una parte, quien se responsabiliza, quien toma el tiempo para organizarse y saber lo que tiene que hacer. Por otra parte, quien vive sin reflexionar mucho, superficial.
La vida tiene un inicio y un final. Dios nos la da gratuitamente. Feliz quien la toma en serio, se organiza, asume la responsabilidad que le corresponde, lucha con ilusión por sembrar y hacer fructificar las semillas del Reino de Dios. Resulta triste ver una vida malgastada, que aporta poco a la humanización de esta sociedad.
"En verdad os digo que no os conozco."
Pienso al final, a ese momento único para cada persona, a ese encuentro con la Verdad. Conocer a una persona supone que ha habido una relación cercana. No conocerla, quiere decir que ha estado lejana. En la relación con Dios, pienso que es importante conocerlo, pero aún más importante es dejarse conocer por Él. Puedo decir que se conoce al Señor en la medida en que uno se ha dejado conocer por Él. A veces, puede suceder que se hagan mil cosas por Dios, pero dejando al lado algo importante: no abrirle el corazón. Y quién no abre el corazón, ¿cómo puede decir que ama a esa persona?
El reto de toda vida espiritual está en el hecho de familiarizarse con Dios, de establecer una relación de confianza con Él, de abrirle el corazón, de dejarse seducir por su presencia cariñosa, entrañable, dulce, y de hacerle un lugar ahí, en lo más íntimo. Es ahí donde el Señor puede conocernos realmente, tal como somos, y es desde ahí donde Él puede iluminar y guiar nuestras vidas.
Entonces dirá: 'ven, amigo y hermano mío'.
Fraternalmente. Un abrazo.
Fernando

lunes, 31 de octubre de 2011

Decir y hacer

AL HILO DEL EVANGELIO (26)

"Que nuestro Señor Jesús-Cristo sea conocido y amado por todos" (G.M.Conforti)

 

Mt 23,1-12

‘En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo:

 

-- En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.’

Escuchando este pasaje, me viene a la mente lo que Jesús dijo a los que querían lapidar a la mujer adúltera: ‘el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra’. El texto nos dice que uno después del otro, todos se marcharon, comenzando por los más ancianos.

Decir y no hacer. ¡Qué fácil es caer en la trampa! ¿Quién puede decir que no ha sido incoherente en la vida? Creo que lo que realmente importa es darse cuenta de esta incoherencia, pues en el momento en el que uno se da cuenta, se puede luchar contra ella. Lo peor es pensar que es cuestión ajena. Eso sí que sería una gran hipocresía.

Personalmente, me siento bastante interpelado. Jesús habla de los escribas y fariseos, es decir, de los responsables de la comunidad. Y el mensaje va dirigido a sus discípulos y a la gente. Es, por consiguiente, una enseñanza importante para los suyos. Eso que los otros hacen, es una tentación muy fuerte para quien lo sigue.

A veces me he dicho, para no ser incoherente, es mejor no hablar. O bien, decir aquello en lo que uno se siente más o menos coherente. Creo que el tema puede situarse a dos niveles. El primero, todos somos discípulos. Aquí no hay quien está arriba y quien está abajo. Escuchando al Señor, su Palabra nos ha cautivado de tal manera, que sentimos el deseo irresistible de hacerla carne en nuestra carne. Y ahí estamos, día tras día, con nuestras grandezas y miserias, con nuestros altibajos, queriendo vivir esta buena noticia: ¡todos somos hermanos!

El segundo, los diferentes ministerios o servicios que hay en la Iglesia son para ayudar a crecer en la fraternidad. Estos ministerios son vividos por personas de carne y hueso, como todo ser humano. Es lógico que haya incoherencias, debilidades, porque eso forma parte de lo que somos. Lo importante es no quedarse ahí, sino con la gracia de Dios ir creciendo en el camino del Señor.

‘Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.’

La realidad es que cotidianamente me llaman ‘padre’. Al inicio lo llevaba mal. Intenté decir por aquí y por allá que lo mejor es que me llamasen por mi nombre. Pero ponían cara de sorpresa, y seguían llamándome ‘padre’. Así que terminé adaptándome, aunque no era especialmente de mi agrado. Eso hasta que un día me encontré con las palabras de san Pablo, que dice: ‘Os escribo no con la intención de avergonzaros, sino para enseñaros como mis hijos a quien amo. Porque aunque si tuvieseis diez mil guías en vuestra vida con Cristo, no podéis tener más que un solo padre: de hecho en lo que se refiere a vuestra vida con Jesucristo, soy yo quien me he convertido en vuestro padre cuando os he traído la Buena Noticia.’ (1 Cor 4,14-15). Es la paternidad espiritual a la que estamos llamados día tras día.

Desde que descubrí esta realidad, puedo decir que siento mucha alegría cuando me llaman ‘padre’. Percibo mucho cariño en ello. Además de ser una gran responsabilidad. En palabras del profeta Malaquías: ‘Sí, el rol del sacerdote es de enseñar a los hombres a conocer Dios’ (Mal 2,7). A conocerlo y a amarlo desde el servicio, la humildad y con mucha alegría.

¡Que el Señor nos conserve siempre en su gracia!

Un abrazo. Fraternalmente.

Fernando García